La Comisión Europea ha adoptado una serie de recomendaciones destinadas a garantizar que todos los que participan en el diseño o la puesta en funcionamiento de tecnologías que utilizan microprocesadores inteligentes respeten el derecho fundamental de las personas a la intimidad y la protección de datos, contenido en la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea.

Los europeos deberán ser capaces de controlar los microprocesadores inteligentes y, al mismo tiempo, de utilizarlos con facilidad para simplificar su vida cotidiana. Hay ya más de 6 000 millones de microprocesadores inteligentes, dispositivos microelectrónicos que pueden integrarse en diversos objetos de uso cotidiano, desde frigoríficos hasta abonos de transporte. Gracias a su tecnología de identificación por radiofrecuencias (RFID), pueden procesar datos automáticamente al acercarlos a «lectores» que los activan, captan su señal radioeléctrica e intercambian datos con ellos. También se encuentra en las tarjetas de identificación que utilizamos para entrar a nuestra oficina y en las que utilizamos para pagar el peaje en las autopistas.
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