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La independencia catalana anulada y el símil de Eslovenia

Ayer tras la declaración de independencia y su posterior anulación, el presidente de la Generalitat dio un paso que muchos políticos independentistas catalanes, así como periodistas, han calificado como la “vía eslovena”.

Eslovenia es un país miembro de la Unión Europea desde el año 2004 y participa del euro, así como del espacio Schengen desde 2007.

La “vía eslovena” a la que se hace referencia es la manera en que este país consiguió llegar a su independencia en el año 1991.

Eslovenia formaba parte de la llamada República Federativa Socialista de Yugoslavia, el país nacido después de la Segunda Guerra Mundial y que aglutinaba una serie de regiones con una historia muy convulsa y que hoy se han convertido casi en su totalidad en países independientes.

Los países de la península balcánica estuvieron bajo dominio otomano o austrohúngaro prácticamente hasta la derrota de ambos en 1918 tras la I Guerra Mundial, aunque Serbia había conseguido su relativa independencia desde mediados del siglo XIX. Además de otomanos y austrohúngaros, rusos e italianos habían mostrado sus intereses en la zona. El hecho de que el asesinato en Sarajevo de un miembro de la familia real austríaca y su esposa, fuera el detonante para el estallido de la Primera Guerra Mundial, muestra el choque de intereses que sobre la zona existía.

Tras 1918, se creó una especie de federación en un estado de los eslovenos, los croatas y los serbios que se convirtió en 1929 en el Reino de Yugoslavia, que tuvo una convulsa historia hasta 1945. El desarrollo de la II Guerra Mundial fue también convulso en los Balcanes especialmente tras la invasión nazi en 1941. El apoyo de unos a la causa nazi y su enfrentamiento con partisanos, donde además de ideología se mezclaban cuestiones étnicas, sirvió para sacar toda la escasa tolerancia que existía en el reino.

Tras 1945 la federación Yugoslava terminó dominada por el bloque soviético y se convirtió en la República Federativa Socialista de Yugoslavia. La caída del bloque soviético tras 1989, reanudó las tensiones en los Balcanes.

El nacionalismo serbio, alentado por Milosevic (juzgado por crímenes de guerra) y la secesión de la provincia croata de Krajina (habitada por mayoría serbia) comenzó a generar una espiral nacionalista en todas las regiones que supuso la desintegración de la Federación, entre ellas, Croacia y Eslovenia fueron las primera en declarar su independencia de Belgrado.

Para ello Eslovenia celebró un referéndum ilegal y sin garantías (como el catalán) en diciembre de 1990, en el que la independencia, naturalmente ganó. Sin embargo no se proclamó la independencia, esperando ver los efectos en Belgrado. En este punto hay que matizar que como federación, las regiones agrupadas contaban con una fracción del ejército yugoslavo y por tanto puede decirse que Eslovenia contaba con ejército propio o al menos con parte del ejército que había sido el yugoslavo.

En efecto Belgrado no aceptó la independencia, así que Eslovenia la declaró en junio de 1991 y Belgrado envió a su ejército. Las confrontación fue breve (se le conoce como la guerra de los diez días), entre otras cosas porque Belgrado estaba preparándose para la cruenta guerra con Croacia (luego además vendría la de Bosnia), por lo que, afortunadamente el número de bajas fue escasa si lo comparamos con el resto de las guerras yugoslavas. Terminó con el Tratado de Brioni, por el que tácitamente Belgrado reconocía la independencia de Eslovenia.

La llamada “vía eslovena” para la cuestión catalana puede tener comparación en haber sido suspendidas ambas declaraciones de independencia al poco de ser emitidas. Las comparaciones en otros aspectos parecen ser muy vagas.

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