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Decepción por no conseguir Barcelona la sede de la Agencia Europea del Medicamento

Ayer se decidió la nueva sede de la Agencia Europea del Medicamento: será Amsterdam y no Barcelona, como en varios momentos previos se pensó que podría ser.

Sin embargo, la ciudad española perdió la posibilidad ya en la primera ronda de votaciones junto con Estocolmo. Milán y Amsterdam quedaron finalistas empatando a puntos, por lo que la adjudicación fue decidida por sorteo y Amsterdam fue la beneficiada. Un total de diecinueve capitales europeas optaban a la sede.

La Agencia Europea del Medicamento, así como la Autoridad Bancaria Europea, que han tenido hasta la fecha su sede en Londres, buscaban sedes nuevas tras abandonar Londres por el brexit. La Autoridad Bancaria irá a París.

Acoger una Agencia Europea es un desafío importante para cualquier ciudad por la responsabilidad y recursos de infraestructura que precisa, pero también supone un reconocimiento internacional y una buena fuente de creación de empleos, pues las agencias, además de dar empleo a los profesionales de la agencia propiamente, también recibe muchas visitas internacionales o la posible localización de empresas o industrias relacionadas con la Agencia en cuestión. En el caso de la Agencia Europea del Medicamento, cuya función es dar el visto bueno a los medicamentos que se comercialicen en la Unión, varias empresas japonesas estaban dispuestas a situar sus laboratorios en lugares próximos a donde se radicara la agencia.

La idea de que Barcelona podía acoger la sede, nunca se cuestionó hasta los últimos meses en que el llamado “proceso independentista” creo un caldo de cultivo conflictivo que se publicitó por todo el mundo. Cómo haya afectado a la decisión final el conflicto catalán es algo que tendrían que aclarar los miembros del Consejo de Asuntos Generales de la Unión, que fueron quienes decidieron dónde se ubicaría la sede. En España, la decepción provocada por la exclusión de Barcelona, enseguida propició el cruce de acusaciones entre formaciones políticas acusándose mutuamente del fiasco.

Pero la elección de la sede también propició roces políticos o nacionales diferentes a los españoles. La ciudad que quedó en tercera posición para albergar la sede, Copenhague, también se sintió traicionada cuando el voto sueco fue para Milán, en lugar de para un país nórdico.

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