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Una solución ecológica para fabricar plaguicidas

La producción de alimentos a través de la agricultura es la actividad a la que se dedica la mayor parte de la humanidad. Según la FAO, un tercio de la población mundial se dedica a ella. Sin embargo, siendo esta actividad relativamente respetuosa con la naturaleza, en los últimos tiempos, sin embargo se está convirtiendo en un problema medioambiental.

Especialmente, los países desarrollados que dedican grandes extensiones al monocultivo en donde se utiliza maquinaria para obtener la mayor rentabilidad, utilizan plaguicidas para combatir a los insectos o plantas que pueden dañar los cultivos. La tendencia se va convirtiendo en un hábito a nivel mundial,

Los elementos químicos que contienen estos plaguicidas, se están mostrando muy peligrosos por cuanto afectan a la vida animal y vegetal natural, y está por verse de qué manera acabará afectando a los humanos, pues todos estos químicos han de acabar filtrándose en las corrientes de agua.

La polémica que se levantó con el glifosato, cuya autorización para su uso fue renovado por el Parlamento Europeo en 2017, autorización rodeada de una gran polémica y que provocó la creación de una Comisión de investigación que determinara la toxicidad de este producto utilizado de manera masiva en todo el mundo, demuestra la preocupación por este problema. Como resultado de esta comisión, el pasado enero, el Parlamento Europeo pidió una revisión sistemática de todos los estudios disponibles sobre el riesgo carcinógeno del glifosato y avanza hacia una posible prohibición de este herbicida.

Por ello, es necesario buscar alternativas a los pesticidas. Recientemente la PAC (Política Agraria Común) ensalzaba los beneficios medioambientales que tiene la agricultura familiar. La revisión periódica de los cultivos permite el control de las posibles plagas. La agricultura ecológica, también prescinde del uso de plaguicidas químicos. Sin embargo la agricultura industrial necesita de soluciones más drásticas.

Se va imponiendo un modelo de plaguicida que utiliza especies naturales para combatir a las dañinas. En algunos casos son con especies animales, y en otros con vegetales.

Investigadores del proyecto STEPN-UP, que cuenta con el apoyo del programa Marie Curie, han trabajado en la comercialización de un insecticida basado en unos gusanos nematodos. Algunos de estos gusanos, de los que hay una gran variedad, se alimentan de insectos y por tanto, pueden ser usados como plaguicidas. El producto derivado en forma de bacteria del nematodo entomopatogénico (EPN, por sus siglas en inglés) ya está comercializado y se emplea como insecticida. La novedad que ha conseguido el equipo de investigadores del programa STEPN-UP, es el de conseguir que la eficacia de este producto no disminuya con su almacenamiento.

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