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Eslovaquia elige como presidenta a una europeísta

Este pasado sábado resultó elegida como presidenta de la república eslovaca, la ecologista liberal Zuzana Caputova, una abogada que ha convencido al electorado eslovaco con un mensaje de transparencia política y de lucha contra la corrupción.

El cargo de presidente de la república, no tiene un poder realmente ejecutivo, sino más bien representativo, pero le permite el nombramiento de cargos en la justicia y también un papel mediador en el gobierno.

Las elecciones eslovacas anticipadas estuvieron muy marcadas por el asesinato, hace poco más de un año, del periodista Jan Kuciak y su novia cuando investigaba sobre estafas millonarias en relación con ayudas comunitarias para la agricultura, y además sobre las relaciones mafiosas de la política eslovaca.

El asesinato del periodista y de su novia, provocó una ola de manifestaciones como nunca antes se habían vivido en Eslovaquia desde el final de la era comunista en 1989. Debido a las manifestaciones el entonces presidente del gobierno tuvo que dimitir y aunque se remodeló el gobierno, los eslovacos pedían elecciones.

La participación en las elecciones ha sido bastante baja (en torno al 42 %), lo que demuestra la falta de confianza de los eslovacos hacia sus instituciones. Como contrincante de la ahora elegida presidenta, se presentaba Maros Sefcovic, que fue vicepresidente de la Comisión europea, que aunque independiente, era respaldado por el partido en el poder actualmente.

Eslovaquia es miembro de la UE desde el año 2004 y desde 2009 adoptó el euro como moneda. Es el único país en el euro del llamado Grupo de Visegrado, formado además por Polonia, Hungría y la República Checa, una asociación histórica nacida en 1991, cuando Chequia y Eslovaquia formaban un solo país. La idea del grupo era alcanzar objetivos comunes y tender hacia la Europa occidental tras los largos años bajo el dominio soviético. La admisión dentro del grupo comunitario fue rápido, aunque sin embargo, siempre han mostrado algunas reservas sobre su pertenencia a la UE, subrayadas en los últimos años. Hungría es el país que más problemas ha causado con su política cuestionando las de la UE en temas como las cuotas de inmigrantes o las críticas que ha recibido por parte de la Unión sobre su autoritarismo. Polonia también ha sido muy cuestionada sobre su situación como estado de derecho.

Por todo ello, que la presidencia de uno de estos países recaiga sobre una europeísta convencida es, sin duda, una buena noticia para la UE.

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La UE puede exponerse a un nuevo desafío en las elecciones suecas del domingo

Este próximo domingo Suecia celebra elecciones legislativas con un resultado bastante incierto, según parecen indicar las últimas encuestas.

Una cosa sí parece bastante evidente que va a ocurrir y es que un partido ultraderechista que juega su principal baza con su electorado oponiéndose a la inmigración, tiene posibilidades de convertirse en la primera fuerza en el parlamento.

Algunas encuestas dan como ganador de las elecciones a este partido, Demócratas Suecos (SD), o bien le confieren una segunda posición cercana al Partido Socialdemócrata, que actualmente gobierna el país. La tercera fuerza en liza es el partido conservador de los Moderados, que con el anterior llevan prácticamente turnándose en el gobierno sueco en los últimos cien años. Es por tanto la primera vez que un partido ultraderechista podría imponerse en un país, o al menos convertirse en la principal fuerza de la oposición, que siempre ha reunido las cualidades para convertirse en un paraíso para refugiados e inmigrantes.

Suecia junto con Alemania, fue el país, junto con Alemania que acogió más refugiados en 2015. En 2016 modificó su política migratoria, pero eso no ha servido para calmar las diferentes fuerzas que convierten a la inmigración en el problema principal del país.

Esto, parece que va a terminar, y que Suecia va a pasar a formar parte de los países europeos en los que el rechazo a los emigrantes se convierte en el argumento para la aparición de nuevos partidos.

La xenofobia lleva aparejado el nacionalismo y éste también es contrario a aceptar las decisiones supranacionales, con lo que como todos los partidos de corte populista que están surgiendo últimamente, este sueco también muestra su oposición a muchas de las decisiones comunitarias.

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Orban continuará en la presidencia del gobierno de Hungría

Ayer se celebraron elecciones generales en Hungría y los resultados no fueron muy sorprendentes: Viktor Orban revalidó el triunfo con casi un 50 % de los votos.

Es la tercera vez que Orban y su partido, el Fidesz, ganan las elecciones legislativas húngaras, tras 2010 y 2014. El partido que ha obtenido más votos a continuación ha sido el ultraderechista Jobbik, después una coalición de izquierdas seguida de una coalición democrática, y en último lugar un partido ecologista.

El triunfo de Orban no es ninguna buena noticia para los refugiados e inmigrantes que se atrevan a acercarse a Hungría, pues el dirigente ultranacionalista ha basado su discurso en la “amenaza extranjera” como el fundamento de los problemas húngaros. En el año 2015, cuando se registró una gran oleada de exiliados procedentes de la guerra siria, Orban cerró las puertas de su país, dejando atrapados a miles de refugiados. Posteriormente levantó una doble valla en la frontera con Serbia para frenar la entrada de los demandantes de asilo.

Parece ser que buena parte del triunfo de Orban se debe a la alta participación y especialmente al voto rural, donde las consignas contra emigrantes, musulmanes y extranjeros en general, ha calado muy hondo. De hecho el partido de Orban promueve una política natalista húngara para evitar tener que contar con extranjeros para futuros trabajos.

El triunfo de Orban tampoco es una buena noticia para el conjunto de la Unión Europea. A pesar de pertenecer a ella desde 2004, estar en trámites para adoptar el euro y pertenecer al espacio Schengen, el gobierno actual se ha mostrado muy reacio a la adopción de medidas impuestas por la Unión Europea en materia de refugiados. No es el único país, desde luego, pero sí probablemente uno de los más contestatarios y con un discurso más abiertamente xenófobo.

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El resultado de las elecciones italianas cuestiona el europeísmo

El resultado de las elecciones en Italia, uno de los países fundadores de lo que hoy es la Unión Europea, parece cuestionar precisamente las políticas de esta Unión. Los vencedores de estas elecciones han sido los partidos que se encontraban en los márgenes en pasadas elecciones, mientras que los tradicionales, más partidarios de continuar cerca de la política europea, han bajado considerablemente en sus resultados.

Por un lado el Movimiento Cinco Estrellas, de carácter antisistema por cuanto cuestionaba la política tradicional y contrario al euro (al menos inicialmente), no parece tener aliados con los que poder gobernar, y tampoco los busca, pese a ser la fuerza más votada; tampoco tiene gran experiencia de gobierno. Por otro lado, la Liga Norte, el segundo partido más votado, tampoco es muy europeísta; este partido que comenzó siendo un partido que buscaba la independencia de la Italia del Norte, la más rica, se ha ido convirtiendo en un partido de ámbito más nacional, a costa de un discurso xenófobo reivindicando a los italianos por delante de los inmigrantes.

Los resultados también demuestran las diferencias existentes en Italia: mientras el Sur, más pobre, elige mayoritariamente a los del Movimiento Cinco Estrellas, el norte, más rico, elige a la Liga Norte.

El mayor derrotado es el anterior primer ministro, Mateo Renzi, del Partido Demócrata y que trató de entusiasmar al electorado italiano a la manera en que Macron lo consiguió en Francia, pero no ha tenido éxito.

La vuelta a la política de Berlusconi tampoco ha sido recibida con entusiasmo, pues la Liga Norte le ha sobrepasado en el voto conservador.

De esta manera, si lo que se buscaba en Italia era cierta estabilidad, esta no va a ser fácil de conseguir con un parlamento muy fragmentado y con puntos de vista sobre la política y el futuro muy diferentes.

La incertidumbre del futuro gobierno italiano preocupa a Bruselas, como es lógico. Después de que el proyecto europeo saliera victorioso en Francia, Alemania y Holanda, lo ocurrido ahora en Italia se convierte en una piedra en el zapato que puede dificultar la andadura europea.

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Las elecciones italianas: una nueva prueba para la Unión Europea

El próximo domingo 4 de marzo se celebran elecciones legislativas en Italia y vistas las propuestas de algunos de los candidatos, Bruselas tiene motivos para el nerviosismo.

Muchos de los candidatos aluden al problema de la inmigración y a la reforma de la Unión Europea en sus discursos, y pueden tener su efecto entre los votantes italianos que no tienen su voto decidido. La cuestión económica es uno de los puntos débiles: Italia también sufrió mucho con la pasada crisis económica y los ajustes impuestos por la “troika”, como ocurrió en España, todavía no han reflejado efectos positivos en la actual situación económica.

Ante esta situación el llamado Movimiento 5 Estrellas que podría convertirse en el ganador de las elecciones, según vaticinan las encuestas, busca terminar con la política de austeridad como último intento de salvar el euro y propone una alianza con los países del sur de Europa para una profunda reforma de la zona euro.

Forza Italia, con la vuelta de Berlusconi, por su parte también hace un discurso nacionalista en el sentido de pedir recuperar más soberanía nacional, reducir la burocracia europea y tampoco está muy dispuesta a aportar más al presupuesto de la UE, una necesidad que el brexit impone.

Por su lado, La Liga Norte, que se caracteriza por su discurso de extrema derecha euroescéptico, plantea una reforma a fondo de los tratados de la Unión Europea, y no tomar al euro como dogma. Más radicales son los Hermanos de Italia, de corte neofascista.

Y luego está el Partido Democrático de Mateo Renzzi, quién tuvo que dimitir como presidente de gobierno al perder el referéndum constitucional propuesto por él mismo en 2016. Este partido es el más europeísta, al menos en términos actuales, en el sentido de sentirse más conforme con la forma de actuar la Unión Europea en estos momentos.

La preocupación que Bruselas siente por estas próximas elecciones, fue manifestada, y luego corregida, por el presidente de la Comisión Europea, Juncker, quién tuvo el desliz de anunciar que Bruselas se preparaba para “el peor escenario” en las elecciones italianas. El presidente de la Eurocámara, el italiano Tajani, ante este comentario pidió no subestimar la inteligencia e los italianos.

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El posible pacto de gobierno en Alemania da estabilidad a la UE

Han pasado más de cien días desde que se celebraron las elecciones en Alemania y, por fin, parece que se perfila un acuerdo que de estabilidad al futuro gobierno de Angela Merkel: su cuarta legislatura. La falta de mayoría, obligó a los democristianos a pactar, inicialmente, con verdes y liberales, pero no hubo entendimiento entre las tres partes. La única opción era volver a contar con el apoyo socialdemócrata para tener una mayoría que pudiese gobernar. Tras arduas negociaciones, el pacto deberá ser consensuado en un Congreso especial que celebrará el Partido Socialdemócrata a final de enero y después ser ratificado por las bases, así que todavía no se puede dar por hecho.

La importancia que este pacto podría tener para la Unión Europea es fundamental y los líderes europeos han respirado, de momento, aliviados. En primer lugar, ambos políticos, Merkel y Schulz, son europeístas convencidos, y, especialmente Schulz, es muy favorable a apoyar las propuestas del presidente francés de profundizar en la consolidación de la Unión Europea, entre otras cosas, reforzando la eurozona mediante la transformación del actual Mecanismo Europeo de Estabilidad en un Fondo Monetario Europeo, una especie de Fondo Monetario Internacional, pero para la UE. Para ello habría que dotar al nuevo fondo de un presupuesto y de un ministro de finanzas, y Alemania parece dispuesto a hacerlo, aunque Merkel teme que no sea bienvenida entre sus votantes una mayor contribución de dinero a la UE.

Otro tema tratado en el pacto es el de la inmigración. Alemania rebaja el número de refugiados que aceptará: será de 200.000 al año, una cifra que se queda corta comparada con el número de refugiados aceptados en años anteriores, pero es de suponer que el aliento de la ultraderecha se deja sentir detrás de esta decisión. Por otra parte, hay una compensación en derechos sociales: aunque el “seguro médico ciudadano” no va a ser una realidad, habrá más inversiones públicas en vivienda, educación e investigación. Se toman también medidas de alcance ecológico.

Pero el acuerdo deberá ser ratificado por la militancia socialista, que inicialmente no era nada favorable a renovar los pactos con los demócrata-cristianos, entre otras cosas porque creen que esa alianza les está desgastando enormemente de cara a su electorado. Probablemente algo de razón no les falte, porque el resultado alcanzado por el Partido Socialdemócrata en las elecciones ha sido el peor desde la construcción de la nueva república tras la II Guerra Mundial.

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La formación de un nuevo gobierno en Alemania

Las últimas elecciones alemanas celebradas el pasado septiembre, no acaban de resolverse en un futuro gobierno estable. La coalición llamada “jamaicana” (entre democristianos, liberales y verdes), por los colores que representaban las tres agrupaciones, no cuaja y o bien se repiten las elecciones o se vuelve a un pacto más amplio que incluya al partido socialdemócrata que tras las elecciones no quiso renovarlo. Quizás ahora que la coalición “jamaicana” no encuentra su rumbo, el partido del anterior presidente del Parlamento Europeo, Schulz se plantee un nuevo pacto de gobierno con Merkel y las demás fuerzas, pero con unas condiciones más severas.

Si durante los últimos años, y especialmente en estos últimos de crisis, Alemania ha marcado los pasos de la Unión Europea pidiendo una austeridad que ha resultado muy agobiante para muchos de los países miembros, como España, ahora que se pide un cambio de rumbo de la Unión Europea a través de unas reformas intensas en la zona euro y en el conjunto de la UE, Alemania se encuentra con una crisis interna que le impide, de momento, volver a ser la dirigente principal de Europa.

Una de las condiciones que el partido socialdemócrata pone para negociar una nueva coalición es la refundación de la Unión Europea en el sentido que propuso el presidente francés Macron en su día. Entonces, Macron abogó por la necesidad de cambios, entre los que figuraban: una política fiscal común, el nombramiento de un ministro europeo de finanzas  que gestione un presupuesto europeo que incluya a toda la UE, la formación de una defensa común europea, una política de asilo común, etc. Por su parte Schulz propone una política social común y unos estándares igualitarios en política económica para toda Europa.

Por otro lado, ya a nivel nacional, Schulz exigirá a Merkel la condición de una reforma sanitaria y educativa, que asegure una igualdad de condiciones para todos los alemanes.

El resultado de las negociaciones lo iremos conociendo en los próximos días.

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