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El Parlamento Europeo quiere impulsar la manera de terminar con la obsolescencia programada

El pasado mes de julio, el Parlamento Europeo aprobó un texto por el que se insta a la Comisión a que, teniendo en cuenta la numerosa normalización y legislación ya aprobada en el seno de la UE, se establezcan criterios para que los productos que se comercializan incorporen ya desde su diseño, la consistencia, la posibilidad de reparación y la capacidad de evolucionar. En otras palabras, que los productos que se comercialicen tengan la suficiente calidad para durar más tiempo del que suelen hacerlo y permitir su reparación o adaptación. Es decir, terminar con la “obsolescencia programada”

La aparición de nuevas tecnologías o diseños hace que muchos de los aparatos que utilizamos hoy en día queden obsoletos al no admitir que se puedan incorporar a ellos nuevos descubrimientos o tecnologías, lo que ha hecho que muchos de los que se venden estén ya programados para durar un tiempo determinado, para posteriormente, ser sustituido por otro nuevo.

Esta crítica hacia los productos con una vida limitada a unos pocos años, va dirigida en gran parte a los aparatos electrónicos que han ido apareciendo en tiempos recientes: teléfonos móviles, ordenadores, tabletas, etc, aunque puede hacerse extensiva a los electrodomésticos, automóviles, y a un sistema industrial basado en el usar y tirar.

La propuesta del Parlamento Europeo trata de evitar la numerosa basura electrónica que se está generando y buscar la manera para que se fomente la reparación y reutilización de los bienes. Es la denominada “economía circular” de la que la UE lleva tiempo hablando, es decir que los desechos industriales permitan su reutilización o reciclaje.

Para conseguir estos objetivos, el Parlamento Europeo, hace una serie de propuestas bastante generales y que en principio parece que tratan de indagar en las posibilidades de adaptación hacia lo que representaría plantear casi un nuevo modelo económico, que, por otro lado, no sería sino volver a un modelo anteriormente existente, en el que los aparatos eran susceptibles de ser reparados.

Algunas de las propuestas se refieren a cosas tan sencillas como son la disponibilidad de recambios, la intercambiabilidad de componentes (de manera que no sea la casa oficial la que exclusivamente pueda reparar el artefacto averiado), el aumento del periodo de garantía de los bienes, la incentivación fiscal para las empresas que fabriquen productos que se adapten a este sistema, la creación de una etiqueta que informe al consumidor sobre la duración del producto, la incorporación de instrucciones de recambio acompañando al producto, etc

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Obsolescencia programada

En su lucha contra la obsolescencia programada, el Parlamento Europeo quiere establecer unos criterios mínimos de resistencia para los productos y que los consumidores estén mejor informados sobre su vida útil. El objetivo es favorecer la reparación y reducir la generación de residuos. Los eurodiputados quieren establecer requisitos mínimos de resistencia para alargar la vida de los productos. Pero no siempre es posible reparar. Eso es lo que preocupa a esta asociación de consumidores radicada en Bruselas. A menudo los componentes están tan pegados entre sí que hay que romperlos para repararlos y luego no se pueden arreglar, o resulta que el componente estropeado forma parte de un conjunto y hay que cambiarlo entero, no se puede arreglar la pieza por separado. Además, hoy en día el coste de las reparaciones es prohibitivo.
El Parlamento quiere fomentar la fabricación de productos restaurables. Una de las medidas propuestas sería prohibir toda pieza que no se pueda desmontar. Además, los legisladores quieren que los consumidores estén mejor informados sobre la probable vida útil de cada producto.  De esta manera también se pretende promover un modelo de economía circular.

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